A unos 400 metros al oeste del
poblado se encuentra un pequeño grupo de túmulos
preservados milagrosamente del nivelamiento del terreno
que lo circunda. Las estructuras conservadas son 23,
la mayoría de planta
rectangular
y sólo seis
circulares.
Lo más notable de este
conjunto
es que las estructuras se disponen ordenadamente de
forma regular
según un plan predeterminado, dejando entre los
túmulos unos pasillos o “calles”
por los que circular cómodamente. Como consecuencia
de esta planificación están todos orientados
hacia el punto de ocaso en el solsticio de verano, es
decir el lugar de ocultación del sol en los días
más largos del año.
Todos los túmulos rectangulares van provistos
de estelas colocadas en los ángulos y en ocasiones
también en el punto medio de los lados. Al igual
que en la necrópolis NW se constata la ausencia
de recipientes para los restos de la incineración
(cremación) del cadáver, depositándose
éstos en un pequeño
hoyo
(loculus) practicado en el suelo. Uno de los elementos
diferenciadores entre los dos conjuntos es que en éste
no hay relleno de piedras sino un
enlosado
de lajas que adquiere una disposición circular
en el centro de la estructura, justo en el lugar en
que se encuentra el hoyo con los restos del difunto.
Entre los túmulos circulares merece mención
aparte el
nº 1
compuesto por una estructura circular constituida por
una hilada de base a modo de zócalo sobre la
que se superponen al menos dos hiladas que forman un
anillo de diámetro algo menor. En el centro unas
lajas que forman una especie de
cámara
de forma cónica cobijan en su interior el hoyo
(loculus) que contenía los restos de la cremación
del cadáver. Como dato de interés se hace
constar la utilización de arcillas roja y amarilla
dispuestas de forma intencionada en el acondicionamiento
del hoyo, lo que muestra la realización de un
ritual muy minucioso.