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Restos materiales y cronología.

La mayoría de los materiales arqueológicos recuperados de hallan en proceso de restauración y de momento no es mucho lo que puede decirse de ellos. Sólo el interés excepcional de las estructuras constructivas ha motivado la publicación del presente artículo antes de que pueda completarse con las conclusiones de un estudio de los restos muebles descubiertos.
Las cerámicas corresponden a tipos ya conocidos en el contexto de la I Edad del Hierro, todas realizadas a mano sin que se haya documentado la existencia de un solo fragmento de cerámica fabricada a torno. Se trata de vasijas de perfiles globulares, pies anulares y bordes biselados o bien de recipientes abiertos en forma de platos o escudillas y tapaderas planas. La decoración es de cordones aplicados, acanalados y triángulos incisos. Entre los objetos metálicos destaca la fíbula de bucle mencionada, así como los botones, cuentas de collar y punzones de bronce. También el cuchillo de hierro procedente de la necrópolis noroeste y otros recuperados en el poblado.
Este conjunto de materiales encaja bien en el entorno cultural correspondiente a finales de la I Edad del Hierro en el ámbito de los denominados Campos de Urnas finales. Si bien algunas decoraciones, en especial los acanalados, hacen pensar en fechas más tempranas, los perfiles suaves y sobre todo la fíbula de bucle nos llevan a fechar el conjunto hacia finales del S.VI a.C. La complejidad de la muralla y el uso de grandes sillares bien escuadrados nos harían pensar en épocas más recientes acercándonos al mundo ibérico o al menos a influencias mediterráneas llegadas hasta este punto alejado de la costa. No obstante dos dataciones radiocarbónicas nos han confirmado la primera impresión proporcionando las fechas GrN-26052 = 2480+35BP y GrN-26053 = 2570+60BP, con lo que el último cuarto del siglo VI a.C. parece ser la cronología aplicable al poblado y la necrópolis noroeste. La precisión cronológica de la necrópolis oeste deberá esperar nuevos resultados.

Conclusiones.

A pesar de que las investigaciones son todavía incipientes y los datos obtenidos escasos se pueden sin embargo plantear algunas consideraciones que pongan de relieve la importancia de los restos estudiados tratando de concederles el justo valor que tienen.
En el panorama de la protohistoria aragonesa son relativamente bien conocidos los poblados correspondientes a la Edad del Bronce y especialmente en el entorno de La Codera contamos con varios yacimientos excavados y estudiados como los poblados de Cova de Punta Farisa, Zafranales, Tozal de Macarullo y Masada de Ratón, que documentan los periodos del Bronce Medio y Tardío en el Valle del Cinca, con cronologías que van desde finales del s. XV hasta finales del s. IX. Sin embargo la transición entre el Bronce Final II y el mundo ibérico, esto es el período conocido como Campo de Urnas Tardíos o del Hierro, presenta un vacío inquietante, que tiende a soslayarse o a rellenarse con generalidades o extrapolaciones de otras áreas más o menos lejanas.
Es en este punto donde el poblado y las necrópolis de La Codera pueden venir a arrojar las primeras luces sobre esta etapa de la protohistoria. Al interés del conocimiento del poblado y su urbanismo se añade la existencia de las necrópolis pudiéndose establecer una relación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, además del estudio antropológico que permitirá el análisis de los restos recuperados en las necrópolis.
Un valor añadido lo representa la muralla, que ofrece una complejidad cuyo estudio hace previsibles unos resultados que de momento no es posible adivinar. Efectivamente se trata de un testimonio que no tiene paralelo conocido en Aragón, en la época a la que pertenece. La referencia más próxima debemos buscarla en la fortaleza de Els Vilars, en Arbeca (Lérida), cuya fase II se aproxima cronológicamente a La Codera. No obstante hay grandes diferencias en los materiales utilizados en ambas fortificaciones y sobre todo en el urbanismo interior de los poblados, por lo que no es posible establecer paralelismos.
Por último hay que señalar que la presencia en las inmediaciones de los restos en curso de estudio de un poblado del Bronce Medio o Final y otro ibérico, además de restos de ocupación romana, proporcionan un amplio abanico cronológico que ofrece enormes posibilidades para conocer el poblamiento de la zona de forma casi continua a través de muchos siglos.

Bibliografía.

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• Garcés, I., Junyent, E. (1989a): Fortificación y defensa en la I Edad del Hierro. Piedras hincadas en Els Vilars, Revista de Arqueología, 93, Madrid, pp. 38-49.
• Maya, J.L. (1981: La Edad del Bronce y la Primera Edad del Hierro en la provincia de Huesca, I Reunión de Prehistoria Aragonesa, Huesca, pp. 129 - 161.
• Montón, F.J. (1992): Las Edades del Bronce y Hierro, en “Fraga en la Antigüedad”, vv. aa., Zaragoza, pp. 87-132, fig. 16.
• Montón, F.J. (1998): Un poblado de la Edad del Hierro en Huesca, Revista de Arqueología 208, Madrid, p. 60.
• Montón, F.J.: La Codera. Hábitat y necrópolis de la I Edad del Hierro, XXVI Congreso Nacional de Arqueología, Zaragoza 2001, Zaragoza, (en prensa).

• Yacimiento arqueológico de La Codera - Alcolea de Cinca - info@lacodera.net