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Las necrópolis.

Al noroeste del poblado y en el llano que se extiende delante de la muralla se encuentra la que hemos llamado necrópolis noroeste, a unos doscientos metros de distancia. Ocupa una superficie de unos 5.000 m2 y su perímetro viene marcado por la fuerte erosión que sobre todo en el lado norte ha borrado los límites originales. De este modo, en la acusada pendiente del barranco son visibles los restos descarnados y desplazados de algunos túmulos así como los restos de su contenido, huesecillos quemados y esquirlas de bronce.
Los túmulos conservados suman varias docenas aunque es difícil precisar el número total de los construidos por la circunstancia antes descrita. La mayoría son de planta rectangular, pero hay algunos ejemplares de planta circular. Éstos van provistos de una pequeña cista situada en posición central, desgraciadamente violada y vaciada en todos casos constatados. Sin embargo la supervivencia de la mayoría de túmulos rectangulares permite su estudio de forma sistemática, con unos resultados sumamente interesantes.
En efecto, aunque el número de túmulos excavados hasta ahora es pequeño es posible reconstruir el ritual seguido en el proceso de las ceremonias fúnebres. Las fases observadas son las siguientes: Tras la elección del lugar de enterramiento, se delimitaba el espacio tumular con grandes lajas colocadas verticalmente y se excavaba una fosa en su interior. A continuación se rellenaba parte de la fosa con una capa de tierra roja y otra encima de tierra amarilla. Una segunda capa de tierra roja sobre la amarilla delimitaba finalmente el pequeño espacio del loculus. En él se depositaban seguidamente los restos de la incineración, previamente realizada en otro lugar, y una pequeña laja tapaba el loculus. Ocasionalmente se esparcía una pequeña cantidad de cenizas y huesos sobre la laja. Finalmente se procedía a cubrir todo con piedras de pequeño tamaño hasta rellenar el espacio delimitado por el túmulo.
De los once túmulos estudiados, diez tienen una orientación este-oeste y sólo uno se orienta de norte a sur. Cinco de ellos van provistos de una banqueta interior adosada a uno de los lados y solo dos carecían de restos humanos. El ajuar es sumamente pobre en los casos en que está presente. Únicamente cuatro túmulos contenían restos materiales siendo las cuentas de collar de bronce los más abundantes. También se han recuperado dos cuchillos de hierro, botones de bronce y una fíbula de bucle en estado muy fragmentario.
A unos 500 metros en dirección oeste se encuentra la segunda necrópolis a la que hemos llamado necrópolis oeste para diferenciarla de la anterior. No obstante, la escasa distancia entre ellas y el hecho de que el espacio que las separa haya sido roturado en otros tiempos, podría haber eliminado restos de otras estructuras tumulares existentes con lo que nuestras dos necrópolis bien pudieran ser dos partes de una misma. Sólo un estudio más detallado y la precisión de la cronología podrá revelar la incógnita.
Este segundo conjunto tumular ocupa unos trescientos m2 y su contorno viene delimitado por un rebaje del terreno ocasionado por las labores agrícolas que han borrado cualquier vestigio de estructuras preexistentes. Se trata pues de un pequeño testigo en medio de un terreno estéril. Se conserva un número indeterminado de túmulos rondando los doce o quince, de los que se han excavado 6. Uno de ellos es de planta circular y los otros rectangulares. Lo más notable es que las estructuras se disponen de una forma regular, perfectamente alineados, siguiendo un plan previo y dejando espacios de circulación entre ellas. Igualmente están colocados siguiendo una cuidadosa orientación este-oeste.
Aunque a primera vista no existen diferencias entre los túmulos de esta necrópolis y los de la anteriormente mencionada, la excavación ha puesto de manifiesto algunas variantes en el ritual funerario y en la construcción de las estructuras. La primera de ellas la pudimos observar al excavar el túmulo circular, señalado con el nº 1. En efecto, tras seguir los primeros pasos de elección del lugar y construcción del anillo externo, se procedió a depositar sucesivamente una capa de arcilla roja, otra amarilla y otra roja, delimitando ésta última el espacio del pequeño loculus. Una laja, algunos huesecillos y más arcilla roja completan la deposición de los restos del difunto. A continuación un pequeño montón de piedras y tierra cubre la capa de arcilla roja y se construye una estructura a modo de cámara con lajas de mediano tamaño que lo protege todo. La erección del monumento concluye con un relleno final de piedras formando el túmulo propiamente dicho. La diferencia fundamental respecto a los túmulos circulares de la necrópolis noroeste radica en la inexistencia de cista. Otras diferencias no pueden atestiguarse de momento debido a la violación de las cistas y a la falta de excavación de estos túmulos de la necrópolis noroeste.
Por lo que respecta a los túmulos rectangulares la principal diferencia es que, si bien se sigue idéntico rito en el proceso de deposición de las cenizas, carecen de banqueta y la última fase consistió en el acondicionamiento de un enlosado en lugar del relleno de piedras. También se ha comprobado que el lugar central donde está el loculus, viene marcado por pequeñas lajas inclinadas hacia el centro y dispuestas circularmente, aunque sin llegar a formar una cámara como la antes descrita. Del mismo modo estos túmulos rectangulares van provistos de estelas formadas por piedras clavadas verticalmente que señalan los extremos, el centro de los lados o el centro de la estructura.
También hay que señalar que en ninguna de las estructuras excavadas en esta necrópolis se ha recuperado el más mínimo resto de ajuar, ni cerámico, ni metálico. Esta circunstancia aconseja de momento no establecer ninguna relación cronológica o cultural entre las dos necrópolis.

• Yacimiento arqueológico de La Codera - Alcolea de Cinca - info@lacodera.net